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Héctor Molina, director y guionista
09/01/2004 - Rafael Muñoz

Darío Grandinetti, Carlos Resta y Matías Grappa protagonizan "Ilusión de movimiento". El guión, del mismo realizador, cuenta la historia del encuentro de un padre con su hijo, cuya existencia desconocía.

Para recuperar el tiempo perdido, éste intentará por todos los medios ganar su afecto y confianza. El niño, por su parte, mantendrá al principio cierta distancia, que se irá acortando al ir conociendo a su padre. Ambos protagonistas deberán sortear sentimientos de desconfianza y dolor, con el recuerdo de una madre desaparecida.

Nacido en 1962, en Vicente López (Buenos Aires), es Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Rosario y subdirector en la Escuela Provincial de Cine y TV. Dicta clases de televisión y vídeo en ambas instituciones. Escribió y dirigió el largometraje "Ilusión de movimiento" que se estrenó en Argentina en febrero de 2003.

Actualmente la distribuidora Primer Plano Film Group, tiene los derechos sobre la película y negocia con varias distribuidoras españolas, la posibilidad de su exhibición en el circuito español.

¿Cómo fue su formación en el campo audiovisual?
Héctor Molina: A fines de los años 70 existía un Taller de Cine Super8 que se llamaba Arteón, y lo dirigía el Lic. Raúl Bertone, egresado de la famosa escuela de cine de Santa Fe. En ese taller aprendí los primeros y más importantes pasos de lo que sería para mi "la escuela audiovisual". Luego asistí a innumerables cursos y seminarios, entre los que destaco uno de fotografía con el director de fotografía (ganador del Oscar) Néstor Almendros, y otro, sobre lenguaje cinematográfico, dictado por el semiólogo francés Cristian Metz. Después vino la Facultad de Comunicación Social. Pero lo que más ayudó en mi formación, y me sigue formando, son las experiencias en el campo laboral.

¿Qué recuerdos tiene de sus primeros trabajos?
H.M.: Estamos hablando de 1982, en esa época el soporte que usábamos era el Super8 porque no disponíamos de otro. Lo esencial era y sigue siendo la investigación, hacíamos documentales y buscábamos mucha nformación. "Cabecita Negra" es un documental que filmamos con Gustavo Postiglione y que abordaba el tema de la infancia desvalida en la ciudad de Rosario. En 1986 fui asistente de dirección de "De halcones y Palomas", que se rodó íntegramente en Rosario. Su director fue Mario Cañazares y actuaban Alberto Closas, Ulises Dumont y Cristina Murta, en los papeles protagónicos. Fue mi primer acercamiento a una producción en 35mm. Recuerdo también "Noche de Ronda" donde dirigí a Carloncho Restra por primera vez. Eso fue en 1987, nos hicimos muy amigos y es uno de mis actores preferidos para mis proyectos.

¿Cómo fue trabajar con un actor de fama internacional como Darío Grandinetti?
H.M.: Hacía tiempo que conocía a Darío, que también es rosarino y nos comentó que estaría gustoso de trabajar con nosotros. De hecho hemos vuelto a trabajar en "La bóveda" (unitario para televisión dirigido por Molina). Hay una frase que Darío dice y que condensa el sentimiento que él tiene por nosotros: "si me hubiera quedado en Rosario, en vez de hacer carrera en Buenos Aires, ustedes serían los amigos que me habría gustado tener. Y por suerte, además de buenos profesionales tienen un excelente sentido del humor, así que me divierto mucho".

Cuando habla de "nosotros" ¿a qué se refiere?
H.M.: Creo que esta profesión no se puede concebir en forma individual. Esto es un grupo de trabajo, a veces yo dirijo los proyectos, los filmo, los actúo, los escribo, pero nunca lo considero como algo individual, propio. La creación es parte de todos nosotros. Como con Gustavo (Postiglione), hace más de veinte años que venimos trabajando juntos en casi todos los proyectos, también con Carlos Cocca y, últimamente, se sumaron otros "chicos" al grupo.

¿Cómo surgió la historia?
H.M.: Hace unos diez años me empezó a surgir la idea. Me imaginaba a Carloncho haciendo de padre, muy tierno y un poco torpe. Después creé un diálogo en el que ese padre había estado alejado un tiempo de su hijo. Con el tiempo se fue dando esa conexión que realmente existió en la peli.

¿Y con el tema de la dictadura?
H.M.: Fue más difícil, llevó más tiempo la investigación. Empecé a leer muchos informes de hijos de padres "desaparecidos" en la época de la dictadura. Pero, en los casos de restitución no hay uno solo caso parecido al otro, que es lo que más me preocupaba. Luego se fue dando el típico proceso de afinar el tratamiento con las respectivas y asociadas catarsis. Hasta que se completó el primero, segundo y tercer tratamiento.

Hay una escena que es la que da origen al título, cuando el hijo del protagonista descubre a su madre
H.M.: El fenómeno del flip-book, que son esos dibujitos que se encuentran en los bordes de algunos libritos para chicos y que al pasarlos parece que el dibujo se mueve, lo había visto en la casa de un primo cuando era muy pequeño y esa experiencia hizo que yo creara mis propios flip-book.
María José, la mamá desaparecida no es mostrada desde el comienzo del filme lo suficiente como para que el espectador pueda reconocer fácilmente sus rasgos faciales. La idea era mostrarla poco, cuando la secuestran y así aprovechar, casi al final, el recurso parecido al flip-book.

¿El rodaje fue hecho en forma amateur?
H.M.: No. Es decir, hay que aclarar bien esto. Que no tengamos suficiente dinero para hacer una película en 35 mm de dos horas de duración, no significa que seamos unos improvisados.

¿A que se refiere?
H.M.: Cuando terminamos el rodaje, que lo hicimos en Súper 16 mm, no teníamos como para empezar a trabajar con "campeones o copias a una luz", por la cantidad de horas filmadas, que fueron unas 13 hs. Entonces nuestro editor, Ignacio Roselló, hizo todas las correcciones en digital y desarrolló una técnica, que sumado al hecho de que la película había sido muy bien expuesta, permitió el corte de negativo, directamente con un key code. En Buenos Aires, donde se hizo el corte de negativo, nos decían "ustedes están locos" y a la cortadora de negativo hubo que hacerle firmar un descargo en el que ella no se hacía responsable de los problemas que pudieran surgir. Luego ampliamos a 35mm, y esto nos permitió ahorrarnos mucho dinero, que no teníamos.

¿Cuál fue el resultado final?
H.M.: No hubo ni un sólo error de un cuadro.

¿Y qué sucedió después, que se demoró tanto el estreno?
H.M.: Nos agarró la "ley De la Rúa" que paralizó la industria cinematográfica durante meses. No nos daban dinero a pesar que nosotros veníamos desde antes trabajando en el proyecto... hasta que llegó el dinero para estrenar.

¿Pasaron más de dos años desde que terminaron hasta el estreno?
H.M.: Si, fue muy desgastante.

¿Cuáles fueron las trabas durante la realización?
H.M.: Además de las que ya comenté, las trabas a nivel sindical son terribles, cosas para las que no estamos preparados, que no se aprenden en la facultad y que tampoco me interesan aprender. El camino de la realización cinematográfica nunca se termina y considero que tengo mucho por aprender, pero no estoy dispuesto a estudiar el "manual" de como lidiar con SADIC, SICA, Argentores, y otros sindicatos vinculados a la industria cinematográfica que crean obstáculos para estrenar una película.

Un ejemplo
H.M.: Estas asociaciones no comprenden que no pueden cobrar lo mismo a una película con un presupuesto de un millón de dólares que a una de cincuentamil. Si formas una cooperativa con los actores y técnicos, al no tener el visado de estas asociaciones, esta situación deriva en que no puedas filmar más.

¿Cómo fue la repercusión en la prensa?
H.M.: No podés competir con las producciones que son parte de un multimedio ya que ellos hacen campañas publicitarias que prácticamente no les cuesta dinero.

¿Cómo es la distribución internacional de la película?
H.M.: Hace unos meses se vendió a una distribuidora brasileña, para su distribución en todo Brasil. Y seguimos en tratativas con un par de distribuidoras españolas.

¿Cuánto costó la película?
H.M.: Alrededor de 400.000 dólares. Fueron veintiocho días de filmación, planificados convenientemente. Para la ambientación teníamos en un coche una cantidad de patentes viejas que cambiabamos de los autos estacionados y que nos podían molestar en los exteriores. Si veíamos uno muy nuevo buscábamos al dueño y lo hacíamos quitar. Esa era la ambientación. Filmamos en Super 16mm y se terminó en digital. El transfer fue perfecto, parece 35 mm.

¿Cómo fue la edición?
H.M.: La edición la hicimos digitalmente. Necesitábamos mostrar la película cuanto antes en festivales, por ejemplo, para conseguir dinero para hacer luego la ampliación a 35mm. Entonces el laboratorio realizó fue un transfer del negativo a un VHS con códigos de tiempo y los key code, que son los números que tiene el filme cada doce cuadros, creo. Es un número que servirá luego para ubicar los planos y facilitarle el trabajo a la cortadora del negativo, que no podía guiarse con un campeón editado en moviola porque no existía. Disponía únicamente de un VHS editado por nosotros en un ordenador y una lista de números.

¿Cuál fue su último proyecto para televisión?
H.M.: Fue un unitario, "La bóveda", que a su vez formó parte de un ciclo que se llamó "Ilusiones" y que produjo y transmitió el canal estatal de televisión nacional. Actuaron Carlos Resta y Darío Grandinetti, junto a su mujer, Marisa Mondino, Martín Fumiatto y los niños rosarinos Luciano Dalli y Sergio Ábalos.

¿Cúal es el argumento de "La bóveda"?
H.M.: La historia está ambientada en los días de los cacerolazos y cuenta cómo un gerente de un banco y un jefe de custodia de la entidad que se ponen de acuerdo para saquear las cajas de seguridad, quedan encerrados en la bóveda de la institución junto con una empleada y dos niños que, misteriosamente, se cuelan de manera determinante en la historia.

¿Cuáles son sus próximos proyectos?
H.M.: Una miniserie sobre un grupo de navegantes que recorren el río Paraná en un velero, y el más ambicioso, un filme de corte histórico que narra la historia de tres hermanos que participan en el Combate de San Lorenzo que librara San Martín.

Filmografía esencial de Héctor Molina

Codirector y coguionista
"Cabecita Negra" (1982)
"Los oficios terrestres" (1985-88). Coproductor

Asistente de dirección
"De halcones y palomas" (1986), de Mario Cañazares

Coguionista y actor
"De regreso (El país dormido)", de Gustavo Postiglione (1989-90)
"El asadito" (1997-2000), de Gustavo Postiglione

Fotografía y cámara
"Camino a Santa Fe" (1994-97), de Gustavo Postiglione




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