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"Cinderella Man", de Ron Howard 22/08/2005 - chc
James J. Braddock fue un boxeador que resurgió de sus cenizas cuando aparecía acabado.
Estreno en España: 9 de septiembre.
Sinopsis
En plena era de la Gran Depresión, cuando América sufría una de las más devastadoras crisis económicas de su historia, surgió un héroe al que la multitud aclamaba enfervorecida a su paso. Un héroe que demostró al mundo de lo que es capaz un hombre para obtener una segunda oportunidad para él y su familia.
Ese héroe popular fue James J. Braddock -también conocido como "Cinderella Man", que se convirtió en una de las leyendas más sorprendentes y modélicas de la historia del deporte.
A comienzos de los años 30, este infeliz antiguo boxeador se sentía igual de inútil, vencido y desafortunado que el resto de la a población americana. Como muchos otros, Braddock había tocado fondo. Su carrera parecía acabada, no podía hacer frente a sus deudas y para colmo, su familia, lo único que le importaba en esta vida corría serio peligro. Así fue como se vio obligado a recurrir a la caridad pública.
Pero en lo más profundo de su ser, Jim Braddock nunca se rindió. Gracias al amor, al honor y a grandes dosis de coraje, consiguió hacer realidad un sueño a todas luces imposible.
Con el fin de ayudar a su familia, Braddock decidió darse una última oportunidad y regresar al cuadrilátero. Nadie daba un duro por él. Combate tras combate, todo el mundo hablaba de las miserias y desgracias del pobre Jim Braddock.
Todos excepto el propio Braddock, que movido por algo más que el espíritu competitivo, siguió ganando. De repente, este hombre normal y corriente, incapaz de encontrar trabajo, se convirtió en un deportista mítico que no perdía nunca.
Abanderado de las esperanzas y los sueños de los más desfavorecidos, Braddock fue escalando peldaños hasta que, después de hacer frente a las situaciones más adversas, decidió hacer lo inimaginable: vencer al Campeón del Mundo de los Pesos Pesador, el intratable Max Baer, conocido entre otras cosas por haber matado a dos hombres en el ring.
Con "Cinderella Man", el equipo formado por Brian Grazer, ganador de un Premio de la Academia, el director Ron Howard, el guionista Akiva Goldsman y los actores Russell Crowe y Renée Zellweger unieron fuerzas para contar una historia cien por cien americana sobre un hombre que no era un boxeador de primera pero que luchó para superar las adversidades y entrar en los anales de la inmortalidad.
Un sueño de Cenicienta durante la pesadilla americana
Contar la historia de un hombre que existió realmente en la época en la que la mayoría de los americanos creían conocer supuso un enorme reto para Howard y su equipo.
Para el director y el director de fotografía, Salvatore Totino, se trataba de algo muy concreto. Totino lo explica así: "Ron quería que la película tuviera un tono muy realista y humanista. Nuestro objetivo era hacer que el público se metiera en los combates, y que se sumergiera en el ambiente de la ciudad de Nueva York de los años veinte y treinta".
Así, se rodaron las peleas con un montón de cámaras y desde todos los ángulos para capturar la intimidad de los combates de boxeo, un deporte de uno contra uno.
El precio que tuvieron que pagar los realizadores por hacer una película muy realista fue alto. La intimidad del rodaje hizo que los actores y los boxeadores tuvieran que rozar el límite del contacto físico, e incluso llegar a sobrepasarlo. El coreógrafo Nick Powell afirma que se alcanzó un nivel de peligrosidad similar al de un combate de boxeo real. "Cuando se intenta asestar un golpe sin atenerse a normas ante una gran cantidad de cámaras, la mejor manera de hacerlo es a milímetros de distancia del contrincante. Por eso, a veces sí que hubo contacto", admite Powell.
"Ron los llamaba 'accidentes positivos' porque imprimían un gran realismo. Visualmente era muy emocionante—¡siempre que no fuera uno el recibiera el golpe!"
Normalmente el receptor era Crowe. Debido a su empeño en interpretar secuencias de combates verosímiles recibió unas cuantos golpes en la cabeza, sufrió varias conmociones cerebrales y se le rompió algún que otro diente. Durante la pelea de Braddock contra Lasky (interpretado por Mark Simmons), Crowe recibió un potente directo que hizo que Giamatti reaccionara con verdadero horror, creando así una escena de lo más real.
Giamatti declara: "todos pudimos oír el golpe en la cabeza de Russell, y sinceramente, no sé cómo pudo seguir peleando. Pensé que caería desplomado". Ambas tomas se incluyen en la película.
Los mismos operadores de cámara, especialmente los que se encargan de rodar de cerca los golpes, corrieron peligro. Dado que el proceso de rodaje se realizaba con múltiples cámaras, algunos días Howard entregaba a los montadores, colaboradores suyos desde hace años Dan Hanley y Mike Hill, hasta 90 metros de material.
"Al principio se quedaban alucinados", admite el director. "Les dábamos más material del que creían que podíamos rodar. Pero no tardaron en desarrollar un sistema de análisis de las peleas que recogía los mejores momentos, y montaban las escenas a partir de los cortes que más les gustaban".
Mientras tanto, Russell Crowe aprendió a boxear, un grupo de boxeadores profesionales que se contrataron mientras que sus rivales -incluido Art Binkowski como Corn Griffin, Troy Ross como John Henry Lewis y Simmons como Art Lasky- aprendían a golpear en falso.
"Les perdonamos que estuvieran haciendo full contact mientras rodábamos", explica el coordinador de boxeo y extras Steve Lucescu. "Sabíamos que cualquier error podía ser fatídico".
Troy Ross continúa diciendo: "los boxeadores reales no están acostumbrados a fingir puñetazos, por lo que el proceso de aprendizaje fue duro. Uno sabe que si aprende a fingir demasiado bien, puede no volver a ganar en un ring".
Quizá la mayor dificultad que encontramos a la hora de entrenar a los boxeadores profesionales para la película fue hacer que fingieran que Jim Braddock les dejaba KO porque a ningún boxeador le gusta dejarse ganar.
"A algunos de estos tipos nunca les han dejado KO en el ring, así que es una experiencia que no les gusta", explica Lucescu. "A veces les teníamos que decir, ‘Recuerda el guión, ¡tienes que caerte!'".
Crowe se transforma en Cinderella Man
Además de la labor de investigación y preparación del personaje de Braddock, Crowe tuvo que someterse a un entrenamiento físico bastante intenso para poder dar vida a un hombre valiente y fuerte con habilidades para la lucha que le permitieron enfrentarse a los boxeadores más importantes de su época.
Crowe comenzó el proceso de inmersión con unas fotos de archivo y unas imágenes reales de la gran pelea de Braddock. Dedicó horas a analizar al detalle los movimientos y los gestos del boxeador en el ring, estudió su gran golpe de derecha.
Asimismo, Crowe comenzó a conocer el mundo del boxeo— el deporte que se llegó a llamar "la dulce ciencia" por ser una combinación de gracia, valor y estrategia— con el entrenador Angelo Dundee, quien durante 21 años había entrenado al campeón de los campeones, Muhammad Ali.
La siguiente tarea consistía en modelar la figura de Crowe para convertirle en un boxeador profesional y a la vez hambriento. Pero como Crowe estaba empeñado en ser muy fiel a la historia real, no quiso utilizar sofisticados métodos de entrenamiento actuales; sino que se entrenó con los mismos métodos rudimentarios que utilizó Jim Braddock.
Producto de la investigación, Crowe conoció que en los años treinta, los boxeadores no levantaban pesas, lo que les proporciona un físico menos escultural que el de los boxeadores de hoy en día, así que en su programa no incluyó las pesas.
En su lugar, hizo hincapié en ejercicios de combate, día y noche sin parar en el ring, lo que finalmente concedió al actor pasar de los 102kg que pesaba en Master and Commander (Master and Commander: al otro lado del mundo), en el papel del capitán Jack Aubrey a los 80 Kg. de Braddock.
Aprovechando la forma atlética natural del actor, Dundee se valió del antiguo boxeador olímpico Wayne Gordon para que diseñase un programa que incluye hacer kayak, natación, carrera, ciclismo, caminatas por la montaña, salto a la comba y entrenamiento con el saco– todo diseñado para moldear un cuerpo fuerte (pero no excesivamente musculoso) potente y resistente.
Crowe se sometió a un entrenamiento intensivo, perdió muchos kilos para obtener el físico de Braddock, un físico que para algunos era muy ligero incluso para ganar un combate regional, cuanto más para ser un campeón de pesos pesados.
Para conseguir el estilo de combatir de Braddock, Crowe también trabajó la coreografía con Angelo Dundee, quien tuvo la suerte de presenciar en varias ocasiones peleas de Braddock.
El entrenador enseñó a Russell a utilizar el gancho izquierdo que Braddock desarrolló para contrarrestar su débil golpe derecho así como a moverse como si fuera unos centímetros más alto, y así simular la altura Braddock.
Finalmente la transformación de Crowe dejó boquiabierto a Dundee.
"Creo que se podría decir que Russell se ha convertido en Jim Braddock", declara el gran entrenador. "Me ha sorprendido cómo Russell ha imitado sus gestos, su suavidad, sus piernas, cómo se desliza, elude el golpe, se desliza, bloquea , se desliza, y golpea: ¡boom! Al igual que Jim, tiene el mejor gancho izquierdo que he visto jamás. Reúne grandes condiciones: velocidad, ritmo, determinación y sobre todo ganas. Lo mejor de todo es que ha aprendido a pensar como un auténtico boxeador. Si había algo genial en Braddock es que era un jugador inteligente, y Russell utiliza la cabeza tal y como lo hacía Braddock. Creo que si no fuera actor, Russell podría haberse dedicado al boxeo".
La historia de superación de James Braddock
La Edad del Jazz, los años 20, fue una época dorada para América. Toda la nación celebraba la paz tras la Primera Guerra Mundial y aguardaba un futuro floreciente.
También fue una época dorada para el boxeo, un deporte tan brutal como hermoso que supo captar la atención del público por su crudeza y su lucha cuerpo a cuerpo sobre el ring. A comienzos de los años 20, la multicultural sociedad americana contaba con una gran variedad de grupos de inmigrantes que tomaron el relevo de los boxeadores "nativos".
Cada vez que un boxeador se subía al ring ataviado con los colores nacionales o algún otro símbolo, las comunidades de inmigrantes, sobre todo las más arraigadas al Viejo Mundo, se sentían más cerca de su tierra.
Fue precisamente en esta época cuando James J. Braddock, un amateur de Nueva Jersey conocido por su mortífero gancho derecho se convirtió en profesional. Como muchos otros muchachos de clase obrera, Braddock veía en el boxeo un billete a una vida decente. Era lo único que se le daba bien y durante un tiempo fue uno de los mejores.
Durante los primeros años, su carrera parecía muy prometedora y llegaron a apodarle "el Bulldog de Bergen" por su inquebrantable tenacidad que le llevaba a enfrentarse a los más duros contrincantes. Pero tras sufrir una grave fractura en su mano derecha, su carrera empezó a caer en picado. En 1929 sufrió una derrota aplastante a manos del campeón de los pesos pesados ligeros Tommy Loughran, que le venció en una ronda de 15, desencadenando una racha de mala suerte y estrepitosas derrotas. Braddock nunca volvió a ser el mismo.
El país tampoco. Ese mismo año se produjo el crack de la Bolsa, que perdió el 40% de su valor. A medida que la crisis se iba extendiendo, las familias americanas de todas las clases sociales perdieron sus ahorros, sus negocios, sus hogares y sus granjas. En 1932, uno de cada cuatro norteamericanos estaba en paro.
El país entero estaba conmocionado y muchas familias de clase trabajadora tuvieron que recurrir a la beneficencia. Colas para conseguir comida, colas para conseguir trabajo, colas en centros de caridad, algo que los americanos creían que jamás verían en su propio país se convirtió en una estampa habitual.
El más pobre entre los pobres se veía obligado a vivir en los llamados "Hoovervilles", sombríos barrios de chabolas fabricadas en cartón y hojalata que se ubicaban a las afueras de las grandes ciudades. Estos suburbios se denominaron así "en honor" al Presidente Herbert Hoover, quien antes de perder las elecciones en 1932 ante Franklin Delano Roosevelt, no fue capaz de crear programas de ayuda federal para las familias más necesitadas).
Miles y miles de individuos vagaban por el país en busca de cualquier trabajo, sin importar cuan duro, humillante y peligroso fuera. Por primera vez en su historia, desde la llegada de los primeros colonos al país, los americanos conocían de primera mano el significado de las palabras hambre y desnutrición. El número de suicidios entre los hombres que habían perdido su trabajo creció de manera descomunal.
Al igual que muchos banqueros, carniceros, granjeros y obreros, la vida de Jim Braddock comenzó a hacerse trizas. Cuando la comisión local de boxeo le obligó a retirarse tras revocar su licencia, Braddock comenzó a buscar trabajo desesperadamente, aunque no había demasiado donde elegir.
Aceptó todo tipo de trabajos infrahumanos, arrastrando sacos o cualquier cosa que saliera. Pero la paga era tan miserable que Braddock tenía que alimentar a una familia de cinco miembros con tan sólo 24$ al mes. Se trataba de una batalla perdida de antemano. Cuando la familia no podía hacer frente a los gastos más básicos -leche, gas y electricidad- Braddock se veía obligado a recurrir a la Beneficencia.
Aquello era algo que le hería profundamente en su orgullo, un sentimiento de vergüenza que experimentaron todos aquellos que siempre habían trabajado duro por sacar adelante a sus familias.
Hasta que en 1934, coincidiendo con la promulgación del New Deal de Roosevelt, la suerte de Braddock también comenzó a cambiar. Inesperadamente, le surge la oportunidad de enfrentarse a John "Corn" Griffin aunque Braddock tenía todas las de perder.
Pero no fue así. Sus ágiles movimientos y sus puños le condujeron hacia la victoria contra todo pronóstico... en parte gracias a la fortaleza que había adquirido en la mano izquierda cuando trabajaba en los muelles.
Un lento regreso
Poco después, demostrando que no se trataba de un golpe de suerte ocasional, se impuso en una ronda de diez a una de las grandes figuras de los pesos pesados ligeros, John Henry Lewis, que contaba con su propio espacio en el Hall de la Fama.
Después, derrotó a Art Lasky, que atravesaba uno de sus mejores momentos tras haber perdido un solo combate de los últimos quince que había disputado: Braddock le despachó en una ronda de quince.
Ante semejantes victorias, Braddock volvió a recuperar la confianza en sí mismo. Cuando empezó a ganar dinero una de las primeras cosas que hizo fue devolver al gobierno la deuda que tenía con la beneficencia pública.
Este desinteresado acto de honor le valió a Braddock un nuevo apodo entre sus seguidores, que no dejaban de crecer: "Caballero Jim".
De repente, su fama comenzó a traspasar los límites del cuadrilátero y un buen día le surgió la oportunidad de enfrentarse cara a cara con el campeón de los pesos pesados Max Baer.
Cualquier otro boxeador hubiese aceptado sin pensárselo dos veces, pero Braddock tenía muchos motivos para no aceptar el combate. De hecho, muchos entendidos en este deporte advertían de que podría tratarse de un combate mortal. Braddock era mucho más pequeño que Baer, su experiencia era mucho menor y dependía principalmente de su recién descubierto gancho izquierdo, debido a una vieja lesión en su brazo derecho.
Por otro lado, Baer acababa de ser procesado por homicidio, tras asesinar sobre el cuadrilátero a uno de sus contrincantes, al que había propinado una letal paliza. Aunque fue absuelto de todos los cargos, algo estaba claro: Baer, cuando se irritaba, era uno de los boxeadores más peligrosos del mundo.
En 1932, también dejó KO a su rival Ernie Schaaf en un combate a diez rondas, dejándole inconsciente; Schaaf murió poco tiempo después durante un combate contra Primo Carnera, y su muerte se atribuyó en parte a la brutal paliza que le propinó Baer sobre el cuadrilátero.
En 1933, Baer protagonizó uno de los combates más grandes de todos los tiempos dejando KO a Max Schmeling en diez rondas. Sin lugar a dudas, un combate que ha pasado a la historia. En 1934, la misma noche en la que Jim Braddock se enfrentaba a Corn Griffin, se impuso a Primo Carnera, derrotándole en 11 rondas.
A pesar de que los entendidos le advirtieron de lo desequilibrado del combate Braddock-Baer y a su esposa Mae le preocupaba perder a su marido en un combate de boxeo, Braddock decidió seguir adelante y comenzó a entrenar sin descanso para enfrentarse a un de los mayores retos de cualquier boxeador.
No me llames 'vagabundo'
Toda la expectación creada no hacía si no aumentar la tensión: Max Baer anunciaba a los cuatro vientos una victoria sin complicaciones y en repetidas ocasiones se burló de Braddock llamándole "vagabundo", un insulto que Braddock no estaba dispuesto a pasar por alto.
El 13 de junio de 1935 tuvo lugar el tan esperado combate Braddock-Baer ante una multitud de 35.000 aficionados que se dieron cita en el Madison Square Garden. Millones de personas se pegaron a sus aparatos de radio para no perderse el más mínimo detalle del combate.
En las primeras rondas Baer se hizo fuerte, pero Braddock no se desanimó en ningún momento: pensar en el bienestar de su familia le daba todas las energías que necesitaba. Cada vez que uno de los luchadores dominaba la ronda, el público anticipaba el final del combate sin embargo, ambos boxeadores no dejaban de remontar continuamente.
Un incesante tira y afloja, un combate irrepetible que se prolongó hasta las quince rondas, algo inédito. Braddock, haciendo gala de su determinación, coraje y resistencia, aguantó estoicamente las quince rondas y finalmente ganó el combate en una decisión unánime.
Nació el apodo
Esta hazaña no tardó en considerarse el resultado más inesperado de la historia del boxeo e incluso del mundo del deporte en general. En los bares y salas de estar de todo el país, la gente celebraba la victoria de Braddock como si se tratase de un miembro de su propia familia.
Aquel combate recordaba que a pesar de vivir en un mundo desesperado, los más desfavorecidos intentan siempre sobrevivir y en algunos casos, no sólo se conforman con eso sino que se convierten en los más grandes.
El apodo con el que el cronista deportivo Damon Runyon bautizó a Braddock no pudo ser más acertado, porque pasó de la pobreza más mísera al mayor de los triunfos, lo que recordaba bastante al clásico cuento de la Cenicienta. De ahí su apodo "Cinderella Man".
Braddock siguió compitiendo y perdió el título de los pesos pesados en 1937 contra Joe Louis en un combate de ocho rondas (en comparación con Louis, que tenía 23, Braddock parecía un anciano a sus 32 años). Mucho tiempo después, Louis reconoció que Braddock era uno de los boxeadores más valientes a los que se había enfrentado jamás).
En 1938, volvió a sorprender a todos tras imponerse al talentoso Tommy Farr, por lo que volvía a optar al título. Sin embargo, decidió retirarse. Poco después comentó a los periodistas que el motivo de esta decisión no era otro que su familia.
Con el paso de los años, Braddock siguió siendo un héroe para todos aquellos que conocieron su historia. En 1964, ingresó en el Ring Boxing Hall of Fame, y en el año 2001, hizo lo propio en el International Boxing Hall of Fame. Prestó servicio durante la Segunda Guerra Mundial y fundó un negocio de equipamientos pesados en el mismo muelle donde se había partido el lomo durante la época de la Depresión.
En los años 50, colaboró en la construcción del famoso puente Verrazano de Brooklyn, que en su momento fue el puente colgante más grande del mundo. Murió en 1974 a la edad de 68 años.
Ficha técnica
Estados Unidos - 2005 Título original: Cinderella Man Dirección: Ron Howard Productora: Universal Pictures, Miramax Films, Imagine Entertainment, Parkway Productions Productor: Ron Howard, Brian Grazer, Penny Marshall Guionista: Akiva Goldsman, Cliff Hollingsworth Fotografía: Salvatore Totino Dirección artística: Peter Grundy, Dan Yarhi Vestuario: Daniel Orlandi Montaje: Daniel P. Hanley, Mike Hill Música: Thomas Newman
Ficha artística
Russell Crowe (Jim Braddock), Renée Zellweger (Mae Braddock), Paul Giamatti (Joe Gould), Craig Bierko (Max Baer), Paddy Considine (Mike Wilson).
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