|
|
"Crash", de Paul Haggis 18/11/2005 - chc
Este director se sumerge en las peligrosas calles de Los Angeles, para retratar la violencia y las historias de vida que allí se cruzan.
Estreno en España: 20 de enero.
Sinopsis
Con el mismo estilo narrativo que va desenredando el ovillo poco a poco propio de filmes como "Traffic" o "Pulp Fiction", "Crash" resigue el cruce de vidas de unos individuos dispares que no podrán evitar verse empujados hacia unos hechos que se entrelazan y precipitan sobre ellos.
Ya sea en el lapso de una fracción de segundo, o por el simple hecho de hallarse en el lugar equivocado en el momento equivocado, todos en Crash van a verse sacudidos y empujados fuera de sus inercias evidenciando en el proceso esa rabia y racismo largo tiempo contenidos que se cuecen lentamente cada día en el hervidero que es el actual Los Angeles.
En "Crash", la primera película norteamericana del guionista y director Paul Haggins, éste resigue los entrecruzamientos, desviaciones, y colisiones de un reparto pluriétnico que evoluciona por las calles de Los Angeles mientras entran y salen de las vidas de otros en un espacio de tiempo de 36 horas. Son protagonistas Sandra Bullock, Don Cheadle, Matt Dillon, Jennifer Esposito, William Fichtner, Brendan Fraser, Terrence Howard, Chris "Ludacris" Bridges, Thandie Newton, Ryan Phillippe, y Larenz Tate, en un drama urbano que explora los giros y cambios que da el destino proyectando a cada uno de los personajes hacia un viaje inesperado, donde el miedo y la ira se mezclan con la ignorancia y la violencia en un encontronazo que desarrollará una reacción en cadena imparable.
Vidas que chocan: acerca de "Crash"
Cercanas las Navidades, dos jóvenes afroamericanos caminan por el distrito de Westwood (Los Angeles) a punto de desencadenar una serie de acontecimientos que no van a dejar a nadie indiferente. Cuando Peter (Larenz Tate) y Anthony (Chris "Ludacris" Bridges) asaltan a un conductor para quedarse con su Lincoln Navigator con miras a venderlo en un desguace de coches robados, se cruzan con Rick Cabot (Brendan Fraser), un ambicioso fiscal del distrito ávido por ser reelegido y así seguir con su política altamente corrupta, y su aterrorizada y privilegiada esposa Jean (Sandra Bullock).
Rick no puede ofrecer a su esposa el tipo de seguridad que ella desearía. Cuando la policía responde al aviso del robo del vehículo, Peter y Anthony ya se han ocultado con el todoterreno en una inhóspita zona industrial de Los Ángeles, donde accidentalmente atropellan a alguien. Recogen al hombre, muy mal herido, y le llevan a un hospital de la zona, donde lo abandonan.
Mientras tanto, en el distrito de Studio City, otra pareja de afroamericanos en un Lincoln Navigator son obligados a hacerse a un lado de la calzada por la policía. Pese a que la documentación del vehículo es distinta y los ocupantes no encajan con la descripción de los sospechosos del robo del vehículo en Westwood, el director de televisión de clase media alta Cameron Thayer (Terrence Howard) y su esposa Christine (Thandie Newton) se ven obligados a soportar un alto y un registro humillantes por parte del veterano oficial de policía Ryan (Matt Dillon), quien se halla encolerizado debido a una llamada telefónica reciente acerca de su padre achacoso por parte de un funcionario de reclamaciones del seguro médico global.
Mientras su compañero, el oficial Tom Hansen (Ryan Phillippe), lo presencia todo con ansia, Ryan atormenta a la pareja, centrándose en Christine, a quien toquetea el cuerpo simulando un registro como excusa para acariciar la piel brillante de la mujer negra ante las narices de su marido. Tras finalmente permitirles la marcha no sin "una advertencia", Christine mortifica a su marido por decidir no enfrentarse al oficial y por las diáfanas provocaciones raciales del incidente. Christine está furiosa y quiere denunciar al oficial. Cameron sólo quiere olvidarse del incidente y regresar al trabajo el día siguiente.
Al otro lado de la ciudad, el detective Graham Waters (Don Cheadle) de la policía de Los Angeles y su compañera Ria (Jennifer Esposito) examinan la escena del crimen acaecido en un comercio de licores, donde un topo, el policía afroamericano William Lewis yace muerto, aparentemente ejerciendo la autodefensa contra el oficial y compañero Conklin.
El fiscal de distrito Rick Cabot, comprendiendo el valor potencial de la noticia del robo de su vehículo, ahora empeorado por el tiroteo entre integrantes del Departamento de policía de Los Ángeles, busca anhelante a "un negro a quien colgarle una medalla" y así atajar toda controversia política perdurable que se derive de esta cadena de acontecimientos. Para complicar las cosas, Hansen, tras el incidente con Thayer, solicita un nuevo destino o un nuevo compañero, pero sólo logra la inflexibilidad de su superior. Por fin, el capitán participa a Hansen que se le puede destacar a un coche en solitario, con tal de que "admita" que la razón para esta solicitud es un incómodo "problema personal".
En una armería del centro de la ciudad, Farhad (Shaun Toub), un inmigrante iraní de actitud resuelta quiere comprar una arma para proteger su tienda de la esquina. Incapaz de comprender cuanto le dice el propietario del establecimiento, Farhad resulta literalmente arrojado del local en medio de un torrente de insultos. Su hija, Dori, acaba la compra de la pistola, apropiándose de munición al salir de la tienda.
En su establecimiento, Farhad sitúa la pistola en un cajón oculto tras el mostrador mientras un cerrajero, Daniel (Michael Penã), substitutye la cerradura forzada, aunque advierte a Farhad que el verdadero problema es la puerta entera, pues habría que colocar una nueva. Farhad cree que Daniel le está tomando el pelo y le increpa. Cuando Daniel acaba el trabajo y se va de la tienda, el desconfiado y airado Farhad maldice y amenaza al cerrajero negándose a creer que la puerta sea un problema.
De regreso a casa, Daniel se encuentra a su hija Lara bajo la cama horrorizada por ruidos que le parecieron balas provenientes del exterior. Daniel le dice que el nuevo vecindario es mejor que el anterior y le proporciona un enigmático manto invisible que abrocha hasta el cuello de ella. Daniel informa a la pequeña que se trata de un capote que la protegerá, por lo que ya no debe temer nada.
Desgraciadamente, para todos los que cruzan sus caminos en "Crash", la idea de que todo cuanto se debe temer es el miedo en sí se diluye en un mar de asaltadores de coches y balas perdidas, de inacabables y al parecer ineludibles encontronazos con lo inevitable y lo imparable. En la Ciudad de Los Angeles, donde un roce fácilmente puede tornarse una magulladura y donde tocar se interpreta antes como propio de locos que como un gesto de familiaridad, toparse se ha convertido en una manera de vivir.
Noches de insomnio: la génesis de "Crash"
Para el guionista y director cinematográfico Paul Haggis, el guión de "Crash" partió de una compleja maraña de experiencias, miedos y observaciones personales. A Haggis le robaron el coche a punta de pistola cuando salía de un videoclub de Los Angeles. Una vez en casa, cambió todas las cerraduras y entonces empezó a interrogarse acerca de los tipos que le robaron el auto; ¿Cuánto tiempo llevaban siendo colegas? ¿Qué hacían para divertirse? ¿Se veían a sí mismos como delincuentes, o no? ¿Cómo justificaban sus propios actos, ya que todos tendemos a hacerlo? Años más tarde, decidió escribir acerca de ello, pero sólo desde la perspectiva de los delincuentes.
"En aquel momento, ya llevaba viviendo en Los Angeles veinticinco años, siendo testigo de nuestro propia y sutil guerra de clases, de casta. He comprobado de cuántos modos distintos nos discriminamos los unos a los otros cada día, cómo lo racionalizamos y lo excusamos, cómo organizamos nuestras vidas para no tener que sentirnos involucrados en ello y cómo negamos que existan problemas raciales. Una y otra vez constato lo incómodo que nos resulta el tema. No conozco a nadie que admita tener algún tipo de prejuicio, ni el más mínimo. Sin embargo, basta con escuchar atentamente para percibir las bromas o comentarios "inocuos" que traicionan los más nobles sentimientos. Perversamente, esas mofas y chanzas a menudo las ha concebido el hombre blanco en presencia de amigos y asociados negros, como si compartir esas ofensas con ellos "demostrara" de algún modo que el racismo ya no existe. Y he observado cómo ciertos políticos abanderan causas raciales para sus propios fines egoístas y cínicos. Pero no supe cómo escribir este guión hasta que sobrevino el 11 de septiembre. Porque la película no habla en realidad de racismo o clases sociales, sino del miedo al extraño. Se habla de intolerancia y de comprensión; de las medidas que adoptamos para tratar de "encajar" y del precio que pagamos por ello. Se trata de cuánto odiamos que se nos juzgue pero al tiempo no vemos contradicción alguna si somos nosotros quienes juzgamos a los otros. Y también se habla de cuán a menudo esa gente que hemos enjuiciado nos sorprende para bien o para mal".
"Creo que hasta cierto punto, todo el mundo en Estados Unidos se ve afectado por la cuestión de la raza y el racismo", añade Robert "Bobby" Moresco, que ha escrito el guión con Haggis. "Que yo sepa, no hay nadie que haya podido eludirlo".
E incluso los pocos que encaran el estudio del tema en toda su complejidad y carácter explosivo. "Quería hacer una película que fuera irreverente, divertida, trágica, y chocante", comenta Haggis. "Vivimos en una sociedad regida por el miedo, donde gente como nuestro presidente utiliza ese miedo para controlarnos, y los medios de comunicación de masas para manipularnos. Yo quería analizar esto y cómo ese miedo repercute en nosotros y distorsiona el modo en que percibimos el mundo que nos rodea".
Haggis cree que el modo de mantener ese miedo y control es diferenciar a la gente según raza y clase social, sembrando la desconfianza entre los que son de piel clara y los que son de piel oscura, entre las distintas generaciones de inmigrantes y los distintos niveles de ingresos. También interviene la idea de cuanto significa ser norteamericano, particularmente tras los hechos del 11 de septiembre y la guerra del terror.
"Se trata de una película que se escapa de la clasificación dentro de un género porque se escapa a la categorización tonal", añade la productora Cathy Schulman. "Ésta es una película acerca de la vida real. Se trata también de algo semejante a una fábula, a un cuento moral. Y es una historia de esperanza. Hay frivolidad, angustia, tragedia, belleza, comedia... Son esos elementos los que permiten hacer incursiones en otros géneros, sin jamás instalarse en ellos".
"No son temas que sean osados o poco apropiados", comenta Don Cheadle, productor y coprotagonista de Crash: encarna al oficial Waters. "Se trata de cómo habla la gente. Se trata de lo que sucede cuando la gente no es educada, ¿sabe? ¿Podemos ser suficientemente honestos como para admitirlo? Creo que el reto de este film estriba en que uno es consciente de que quiere reírse de eso, pero sabes que no está bien reírse, y aún así sigues queriendo hacerlo. Así que, ¡adelante! Ríete, y luego analiza por qué lo has hecho y de qué te reías.
"Yo llamo a esto una comedia gris", dice Mark R. Harris, productor de "Crash" y colega de Haggis desde hace mucho tiempo. "No todo es negro. Me encantan ese tipo de películas porque te posibilitan algo en lo que pensar, de lo que reírte, y aún así, te ves obligado a mirarte y decirte: 'Pero si soy uno de ellos'. Si lo haces con humor, puedes hacer que tu mensaje llegue, sin importar que el film sea de época, ciencia-ficción o contemporánea".
La coprotagonista Sandra Bullock, quien da vida a Jean Cabot, la esposa solitaria y desconfiada del ambicioso fiscal del distrito que encarna Brendan Fraser, cree que el film nos recuerda cuán aislante puede llegar a ser la vida moderna. "Nuestra realidad se mueve con tal independencia que creo que necesita de hechos catastróficos que nos obliguen a sentir o a comprender qué es lo que realmente está aconteciendo. Todavía estamos intentando dar con el modo de aislarnos por completo y hacernos insensibles. Siempre podemos desconectar el televisor; y durante el tiempo que no funcione, no va a existir. Estamos demasiado a gusto; qué a gusto que estamos".
Según dice la coprotagonista Jennifer Esposito, quien da vida a Ria, la detective de la policía de Los Angeles, el poder de "Crash" reside en su habilidad para provocar la risa en cierto momento, y al siguiente sentir vergüenza de ello. "Te reirás y te sentirás muy mal respecto a ciertas cosas", continúa la actriz. "Es el mejor guión que haya leído en años. Es uno de los más humanos. Creo que todo el mundo tendrá una opinión sobre la cinta. Tanto si la gente la odia como si le encanta, todos tendrán una opinión. Hará que la gente discuta, converse. Es un film que divertirá y hará que la gente se vuelva loca".
Tal y como el guionista y director subraya, a menudo la verdad hiere. "Éste no es un film acerca de otro, acerca de esa otra gente al otro lado de la colina. Éste es un film sobre buena gente, la que tu conoces, la que es como nosotros, gente que cree saber quién es. Pero si son puestos a prueba, se dan cuenta de que no tienen ni idea de quiénes son. Ninguno de los personajes sale indemne".
"Esta película habla sobre las cosas que nadie quiere admitir. Nadie quiere reconocer que piensa de ese modo; habitualmente son cosas de las que se habla a puerta cerrada", comenta el rapero vuelto actor Chris "Ludacris" Bridges, quien interpreta a Anthony, uno de los asaltantes de coches. "Así que, para la gente, verte esto tan cerca y frontalmente como en el film, les parecerá algo nuevo. Los habrá que se sentirán consternados. Es controvertido pero, maldito sea, se trata de la verdad. A la gente le asusta la verdad, tío. Le tiene miedo pero no puedes ocultar la verdad".
El coprotagonista Terrence Howard, que interpreta al director de televisión Cameron Thayer, comenta con rotundidad: "todo cuanto soy es un simple negrata al que pagan por actuar, tío. Así es como me siento. Y de eso va esta película. Ya sabes, todos estamos todavía en régimen de aparcería, pagamos un diezmo, todo el mundo: mejicanos, asiáticos... todo el mundo es aparcero".
La idea de retar las preconcepciones y prejuicios fue tomando cuerpo a medida que los personajes evolucionaban, algunas situaciones, aportadas por el lado oscuro de Haggis y Moresco, y otras inspiradas en gente que ambos conocen y situaciones que esos individuos experimentaron.
"Tenía una gran amiga, Anita Addison, que hace muy poco ha finado", empieza Haggis, hablando de la activista política y directora afroamericana a la que la película está dedicada. "Su vida siempre estuvo marcada por el razismo. Sus padres eran trabajadores de los derechos humanos en el sur; cuando era muy pequeña, a Anita se la matriculaba en escuelas donde, con el objetivo de desegregarlos, todos eran blancos. Recibía todo tipo de insultos; los padres sacaban a los hijos de los centros; el KKK encendía antorchas; tropas federales entraban y se obligaba a las escuelas a admitir la integración. A menudo me preguntaba de qué modo podía superar una niña experiencias tan brutales como ésta. En el caso de Anita, nunca hablaba de ello".
Haggis admiraba y respetaba la fuerza y el coraje de Anita Addison. "Era una gran mujer: generosa y amable, bella, maravillosa, que entraba en cualquier habitación y se metía con el primero que se cruzaba que detentara algún tipo de poder. Se metía inmediatamente, y yo me preguntaba por qué razón. Alguien me explicó su historia y súbitamente todo cobró sentido".
Para el actor Brendan Fraser, quien da vida a Rick Cabot, el fiscal del distrito para el orden público convertido en víctima, el aspecto más insólito de la historia es el modo en que equilibra los muchos personajes y la intrincada trama que la integran. "Me pareció irresistible", comenta el actor. "Confiere el mismo peso a cada uno de los personajes y a cada una de las situaciones, des de los que están arriba hasta los que están abajo".
"Todos reciben lo suyo", comenta el actor Larenz Tate, que encarna al asaltante de coches Peter. "Ya se trate de la comunidad negra, como de la blanca, la asiática, o la latina, cualquiera bajo la capa del sol que puedas imaginar, todos reciben su merecido, sin distinciones. Nadie recibe más, nadie menos. Todos van a ganarse su justo trozo de tarta".
Acaso esa equidad provenga de otro incidente que Haggins experimentó, y que condicionó de modo radical su punto de vista: “Paul narra una historia ocurrida cuando sus hijos iban a una escuela privada aquí en Los Angeles, donde algo había ido mal entre los estudiantes y algunos padres sospechaban que quizá había habido un trato diferencial con tintes racistas", informa Cheadle. "Me imagino que la reunión de padres y profesores se fue de la mano, así que Paul, siendo el buen subversivo de izquierdas que es, dijo: 'Bueno, ¿por qué no hablamos de todo esto la próxima semana en mi casa? Y Paul dijo que las únicas personas que vinieron fueron mujeres negras. Nadie más se presentó para hablar de ello. Ellas dijeron: 'Bueno, hablemos.' Y todas entraron en materia. Paul dijo que aquello fue lo que le hizo empezar a escribir acerca de todas esas cosas".
Esas y otras reflexiones mantenían a Haggins despierto toda la noche. "Un día me desperté a las tres de la madrugada y no pude volver a dormir", comenta. "Pensaba en Anita y en otros incidentes que me parecieron consternantes. Así que me levanté y empecé a escribir. A la mañana siguiente llevaba escritas cuarenta páginas de borrador".
La historia que Haggis esbozó, y el guión que subsiguientemente escribieron él y Moresco, integran un espectro de extraños cuyas vidas se cruzan unos días antes de Navidad en el Los Ángeles actual. "Me he limitado a tomar cosas que han pasado modificándolas ligeramente", informa Haggis. "Hemos escrito el guión más bien desde el punto de vista de los asaltadores de coches que desde el mío. Quería jugar con estereotipos, con las preconcepciones que tenemos de los extraños. Quería mostrar el modo en que una persona puede afectar a otra sin siquiera darse cuenta. Le haces el dedo a un tipo que está en el coche del lado; esa persona se enoja y lo hace pagar al primero con quien se cruza, que no le ha hecho nada, y así continúa la cosa".
"Los incidentes resuenan a lo largo de toda la historia, afectando las vidas de todos esos distintos personajes de un modo que jamás se hubieran esperado", añade Moresco, quien ha coescrito el guión junto a Haggis durante dos semanas de intensa redacción. "La vida de una persona afecta a la de otra, y a otra, y todos acaban afectados o experimentan cambios a causa de un único incidente".
"Hay aquí algo de cuento moral y aleccionador", comenta el coprotagonista Ryan Phillippe, cuyo oficial de policía, Tom Hansen, toma un camino equivocado que nunca puede rectificar. "Vemos cuán frágil es la humanidad en términos generales, y cómo la más insignificante decisión que uno toma, que en ese momento acaso no parezca determinante en absoluto, puede acabar evidenciando enormes ramificaciones, una reacción en cadena más allá de uno mismo".
Para Haggis, el círculo se cierra justo de regreso a casa. "Odio el hecho de que a los norteamericanos nos encante tanto poner etiquetas a la gente. Nos deshacemos por decir: 'Es una buena persona', o 'Es una mala persona'" —comenta. "Cuanto menos, en esta película no quería que nosotros juzgáramos a los otros. Quería que aquí nos juzgáramos a nosotros mismos".
Que juzgáramos los pensamientos que tenemos pero que raramente compartimos; que juzgáramos las reacciones que experimentamos pero en las que no reflexionamos apenas; que juzgáramos las preconcepciones, estereotipos y, más importante aún, nuestros miedos, que habitualmente negamos que los tengamos. En el curso de su primera y enfebrecida noche de escritura, Haggis comparó las emociones que experimentaba a "tomar un cortaplumas y removerlo en esa particular herida, hurgando el hueso y los nervios, exponiéndome realmente como soy, las cosas que no me gustan de mí mismo".
"Si al salir de ver este film no has visto un trozo de ti mismo, eres un mentiroso, un absoluto mentiroso", insiste Bullock. "Si no alcanzas a ver un trozo de ti mismo y lo reconoces, puede que todavía no sea tu momento adecuado para ver la película."
La coprotagonista Tate cree que la naturaleza del film, en la que los personajes son los que hacen avanzar la cinta, "permite que la gente se mire a sí misma en el espejo de un modo en que no siempre está dispuesta a hacerlo", y añade: "no se trata del habitual film convencional. Es muy distinto; es muy oscuro por lo que se refiere a su tema, sin embargo también es muy divertido. Espero que la gente se divierta. Es una historia fenomenal; todos estamos aquí trabajando por el amor que profesamos a este guión".
El poder de las palabras: forjando el reparto
Como ya era del conocimiento de los realizadores, el modo en el que los filmes independientes pequeños hallan financiación generalmente estriba en buscar estrellas. "Das con una estrella y entonces te presentas ante los financieros y les dices: 'Hey, tengo a esta estrella' o 'ya tengo a esta estrella y a un grupo de otras que están interesadas', y entonces logras el dinero para hacer la película", comenta Moresco. "No hay otro modo."
El primero en la lista ideal de actores era Don Cheadle. A lo largo de la última década, este actor ganador del Globo de Oro se ha convertido en uno de los talentos de la industria más aplaudidos y ocupados. En papeles que van desde el actor pornográfico enmendado de "Boogie Nights" al agente antidroga metido a topo de "Traffic", pasando por su encarnación de Sammy Davis Jr. que le valió el Globo de Oro en el telefilm "El clan Sinatra", Cheadle ha evolucionado desde los personajes que roban la escena a protagonista en una serie de grandes éxitos de taquilla como "Ocean's Eleven".
"Don fue la primera persona a la que nos acercamos y la primera en decir si", dice Haggis. "Le enviamos el guión sabiendo que estaba interesado, pero no teníamos realmente ni idea de lo que iba a decir. Le pregunté: '¿Qué opinas?' y me respondió: 'Bueno, el guión me encanta, y haré el papel que sea. Elige un papel, y lo haré. Me gustaría formar parte de esto'. ¡Guau! Estábamos emocionados".
Para estos realizadores recién llegados al largometraje, la implicación de Cheadle era como si un sueño se tornara realidad. La pasión de Cheadle con respecto al guión y a los personajes hizo que se incorporara al proyecto también como uno de los productores, sacando provecho de su experiencia y contactos para conseguir tener ultimado el reparto. "Debido a la implicación de Don, había actores de todos los niveles leyendo el guión sin tener oferta alguna, simplemente para comprobar si estaban interesados", dice Moresco. “En Hollywood, esto no pasa, y no hubiera ocurrido sin Don".
"Don Cheadle es un hombre sorprendente, sólido y extraordinario", comenta Schulman. "Ha sido el guía. Es alguien comprometido política y emocionalmente con la idea de evidenciar temas y aspectos vinculados al racismo. No tiene miedo a nada. Su entusiasmo contribuyó a forjar el reparto. Ha estado disponible en todo momento; es realmente fantástico. Es un gran hombre y un amigo muy querido".
"Cuando leí el guión me hallaba en Nueva York; me sentí completamente transportada por él, absolutamente", recuerda Sandra Bullock. "Cuando acabé la lectura, hice una llamada ofreciéndome para el papel que fuera con tal de poder estar en el proyecto. En muy contadas ocasiones lees algo que te inspira hasta el punto de querer salir de casa para romper la inercia. Fui muy afortunada de integrarme en la aventura".
Bullock subraya que el tamaño de las producciones y los presupuestos tienen habitualmente muy poco que ver con la realización de filmes buenos. "A menudo pienso que cuando las películas tienen demasiado dinero, se pierde la chispa y la energía creativa que permite que los personajes sean los que hacen funcionar el filme", comenta la actriz. "Se hace extraño, puedes estar tres meses en un film, y quizá sentir que sólo has tenido un puñado, quizá quince días de auténtica creatividad. El hecho de que se trate de un film independiente, hace que debas descubrir por ti misma cómo hacer que el film funcione basándote en lo que tienes, que se limita a los personajes y a unas determinadas localizaciones".
Matt Dillon, que encarna al oficial de policía Ryan, comenta que se hacía irresistible la combinación de unos personajes tan densos y los conflictos que se generan. "La escritura de este guión es en verdad muy complicada", opina Dillon. "Nada es lo que aparenta ser. Nada suena a rutinario o previsible. No hay nada negro o blanco. La gente puede ser buena y también mala, y esa es una de las cosas que me gustaron del guión. Se trata de un gran reparto de conjunto, una historia con muchos protagonistas, sin embargo no se te olvida ninguno. Puede que no estén mucho en pantalla, pero no hay ni un segundo malgastado de ese tiempo en que aparecen. Aprendemos mucho acerca de todos ellos".
Ficha técnica
Estados Unidos, Alemania - 2004 Título original: Crash Dirección: Paul Haggis Productor: Don Cheadle, Paul Haggis, Mark R. Harris, Robert Moresco, Cathy Schulman, Bob Yari Guionista: Paul Haggis, Robert Moresco Fotografía: James Muro Dirección artística: Brandee Dell'Aringa Vestuario: Linda M. Bass Peluquería: Ramona Fleetwood Música: Mark Isham
Ficha artística
Don Cheadle (Det. Graham Waters), Sandra Bullock (Jean Cabot), Matt Dillon (Sgt. Jack Ryan), Jennifer Esposito (Ria), Thandie Newton (Christine Thayer), Brendan Fraser (Dist. Atty. Rick Cabot)
|
|
|
|